Honorables Magistrados de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá.
Señor Presidente del Concejo Superior de la Judicatura.
Señor Gobernador del Departamento de Bolívar.
Señores Alcaldes de los Municipios de María la Baja y San Juan de Nepomuceno.
Señores Representantes y Delegados del Gobierno Nacional, Ministerios presentes, Oficina de Acción Social y CNRR.
Señor Fiscal Delegado para la Justicia y la Paz.
Señor Procurador Delegado para la Justicia y la Paz.
Señores Fiscales Delegados de otras Unidades Nacionales.
Señores MAPP-OEA.
Señoras, Señores, Jóvenes y Niños habitantes de Mampujan, Las Brisas, Haya, Pela el Ojo, San Cayetano, Yucalito y todas las Veredas vecinas de los Municipios de María la Baja y San Juan de Nepomuceno, víctimas de los lamentables hechos que hoy nos reúnen en este histórico y bello lugar del Departamento de Bolívar.
ONG´S presentes, Señoras y Señores.
Estamos asistiendo hoy a un hito trascendental en la historia de los procesos de Paz en Colombia. Por primera vez se realiza un acto de estas características -en el mismo lugar donde aconteció uno de los trágicos episodios del conflicto armado que enluta nuestra Nación. Lamentables hechos de triste recordación que han dejado huellas indelebles de dolor y desamparo a cientos de personas. Hoy aquí, tras años de desencuentros e insondables angustias, nos encontramos cara a cara las víctimas y quienes fuimos sus victimarios.
No puedo continuar sin antes hacer un reconocimiento a los Honorables Magistrados de la Sala de Justicia y Paz en cabeza de la Magistrada Ponente, H. M. ULDI TERESA JIMÉNEZ, por haber siempre entendido que el objetivo principal de este modelo de Justicia Transicional es el de buscar puntos de encuentro que nos puedan llevar a la Reconciliación entre quienes son los protagonistas principales de esta norma, las víctimas y entre quienes somos destinatarios de los fallos sancionatorios de la misma. Ojalá todos los operadores judiciales de este nuevo marco de Justicia Transicional para la Paz, los generadores de opinión y la Sociedad Colombiana en general entiendan del valor y alcance de este acto, porque no me cabe la menor duda, quienes hoy acá nos hallamos sabremos valorar en su verdadera dimensión este encuentro y seremos con nuestro ejemplo los pioneros de los futuros encuentros que se realizarán en pro de la Paz y la Reconciliación entre los Colombianos.
Señores habitantes de esta región de los Montes de María, víctimas todos del accionar de quienes equivocadamente participamos de una guerra fratricida cuyos efectos dejaron sembrado tanto dolor, lágrimas, desolación, a unas comunidades campesinas que solo querían labrar su tierra y formar a sus niños. No es fácil estar hoy aquí parado frente a ustedes, no hay palabras que puedan explicar lo inexplicable y mucho menos remediar lo irremediable. Las medidas de Reparación fijadas en este fallo, son solo medidas que pueden mitigar en parte el daño material causado, porque las heridas que se llevan en el corazón y en el alma, solo DIOS con su infinita misericordia y bondad podrá sanarlas o ayudar a llevarlas en Paz consigo mismo en el duro trasegar de una vida llena de hermosos recuerdos con quienes hoy ya no están.
Confluyen en mí hoy al estar en este lugar unos sentimientos encontrados, por un lado los de un hombre arrepentido de haber participado de una guerra que no iniciamos pero de la que fatalmente fuimos actores, guerra a la que anhelamos ponerle fin y a la que nos hemos propuesto acabar cuando jalonamos y protagonizamos la desmovilización. También, aletean entre mis recuerdos los de un hombre atribulado que hoy revive las imborrables huellas que el secuestro y los vejámenes de la violencia producen al ser humano. Así regresan a mi memoria, aquellas terribles horas cuando por única vez pasé por toda esta región arrastrado por las cadenas que jalaban mis verdugos.
Es mi deber de conciencia reafirmar hoy y ante la mirada de todos ustedes habitantes de toda esta sub región de los Montes de María, que ustedes campesinos labriegos de sus tierras fueron y son ajenos de participar en el conflicto, que su única condición fue y es la de víctimas de los actores armados en confrontación, pero también víctimas de un Estado Ausente, de un Estado Indolente y de un Estado Cómplice, que solo hoy en buena hora parece dispuesto a asumir su cuota de responsabilidad por los padecimientos de la población campesina azotada por las violencias desatadas y manifiesta que quiere cumplir con los deberes que la Constitución le impone, ante todo la protección de la vida, honra y bienes de los ciudadanos.
Me comprometí como muestra de la Reparación Simbólica o Moral y así está consignado en el fallo, con la elaboración de un Monumento como símbolo de recordación permanente a las víctimas de los hechos aquí acaecidos, que sirva de homenaje póstumo a quienes hoy ya no están y también como homenaje a las Familias desplazadas, que sea un sitio de recogimiento espiritual, de visita permanente para ofrendar a los ausentes y de encuentro fraternal de quienes muy seguramente harán de nuevo de este lugar una Comunidad de Paz y de Amor, como lo era 12 años atrás.
Hemos presentado una propuesta de Monumento a través de la CNRR que hoy volvemos a traer para el consenso de las víctimas, esperamos en el día de hoy irnos con la claridad absoluta del sitio exacto y la figura representativa que ustedes habitantes y víctimas de esta región escojan, para así desde mañana mismo iniciar con todo lo pertinente al cumplimiento de esta medida de Reparación Simbólica. Así mismo esperamos que este acto sea el inicio de todo el cumplimiento efectivo por parte del Estado, subsidiario de las medidas de Reparación. Así estaremos en el menor tiempo posible cumpliendo a cabalidad y como lo dice el fallo, con todas las medidas de Reparación allí consignadas, para que los habitantes de esta región restablezcan sus vidas y ojalá vuelvan cuanto antes a recuperar su condición de miembros de una comunidad en plenitud de sus Derechos y Deberes, dejen de ser postergados en sus legítimas aspiraciones y ya nunca más tengan que desesperar como víctimas eternas de un conflicto interminable.
En este conmovedor escenario de hoy, de justo y merecido reconocimiento y homenaje a quienes nunca debieron haber visto cercenado su derecho a vivir en paz, los invito humildemente a todos a invocar ante DIOS y su infinita bondad, en un solo corazón entrelazado de emoción compartida la reconciliación y la confianza en el futuro de esta tierra y de Colombia entera. El íntimo ejercicio de la memoria afectuosa y el dolor lacerante por tantas víctimas inocentes no se contrapone con la esperanza ni riñe con el perdón. Reitero ante todos ustedes que mi arrepentimiento es sincero y la expresión de mi dolor auténtico ante la magnitud de los dolores causados. Tristemente lo sé, no me alcanzarán los días y las noches para sanar tanta herida pero si me aceptan en sus corazones la ofrenda de mis esfuerzos y mi trabajo estará siempre dispuesta y extendida al servicio de la causa más noble y humanitaria, la que nos reúne y aglutina, las que nos hermana y reconcilia, la causa de la dignidad y de la vida.
Muchas gracias.
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